Exterior

La forma en que influyó el 11-S en toda Europa

BRUSELAS, Bélgica (EL UNIVERSAL).- La guerra contra el terrorismo islámico declarada hace dos décadas marcó la relación entre EU y el bloque comunitario, al tiempo que trastocó la «armonía» en la población musulmana europea y llevó a la Unión Europea (UE) a no ignorar jamás una amenaza latente.

El desprecio del entonces presidente George W. Bush hacia Europa, al arranque de la campaña contra el terrorismo en Afganistán en 2001, sembró la semilla de la discordia entre los aliados y dejó entrever que para los estadounidenses los europeos eran débiles.   

Luego de ver cómo Bush malgastó el liderazgo moral que recibió tras el 11 de septiembre con su intervención en Irak, a los europeos, principalmente a Francia y Alemania, les quedó claro que EU era una potencia que ve enemigos por todas partes y que las leyes y normas internacionales no le eran impedimento para el uso de la fuerza militar y la aplicación de sus propios métodos.

Europa, urgida de mostrar solidaridad con su «aliado herido», aprendió la lección desatendiendo su esencia, la de respeto al Estado de derecho.  

El director del Centro Europeo de Seguridad e Inteligencia Estratégica (ESISC), Jean Claude Moniquet, sostiene que el inicio de la guerra contra el terrorismo fue caótico. Señala «graves errores. No sólo no produjeron resultados positivos, de ahí salió muy poca inteligencia operativa valiosa, traicionamos nuestros valores dándole argumentos a la propaganda yihadista, que los utilizó para desarrollar una narrativa de victimización con el fin de demostrar que estábamos librando una guerra contra el Islam, lo que (…) no es el caso», dice a EL UNIVERSAL. «Ese (…) periodo ha quedado atrás. Existe un (…) consenso para abordar el terrorismo por la vía judicial siempre que sea posible y por la vía militar cuando los ‘objetivos’ no sean accesibles a la justicia».

Afirma que ese consenso se ha fortalecido y ha conducido a éxitos concretos. «La colaboración internacional contra el terrorismo ha aumentado y EU es claramente el socio más cercano de Europa en este ámbito», dice, «pero la guerra contra el terrorismo está lejos de terminar. Esta crisis durará años, quizás décadas».

Repertorio antiterror

Desde los ataques en suelo estadounidense, los europeos mantienen la guardia en alto ante la amenaza yihadista. Después de Nueva York y Washington, siguió la estación de trenes de Madrid el 11 de marzo de 2004 y el sistema de transporte de Londres, el 7 de julio 2005. Otros se han sumado. «Las primeras detenciones de miembros de Al-Qaeda tras los ataques fueron en Bruselas. Los terroristas detenidos estaban planeando ataques contra una base estadounidense y la embajada norteamericana en París», recuerda Moniquet.

La Corporación RAND estima que entre 2004 y 2016 el terrorismo costó a la UE, en términos de pérdida de PIB, 185 mil millones de euros y 5.6 mil millones en muertes, heridos y destrucción de infraestructura. La Unión se dotó de herramientas contra el terrorismo. Su combate recibió un rostro con la creación del coordinador antiterrorista.

Las medidas se han ido ajustando a los desafíos. Moniquet describe a Al-Qaeda como una organización elitista en su reclutamiento y que estuvo interesada sólo en ataques sofisticados de difícil ejecución. Con el Estado Islámico, el enrolamiento se hizo flexible y los ataques fueron más complicados de frustrar debido a que suelen ser ejecutados por células aisladas. «Más allá del número de víctimas, estos ataques han conducido a varios países a adaptar el marco legal y a ampliar los medios de inteligencia y policiacos. Además, nos obligó a involucrarnos sobre el terreno, en Siria, en la coalición internacional», sostiene.

Los ataques heredaron una pesada carga en la población musulmana en Europa, equivalente a 4.9% del padrón demográfico en 2016, según datos del Pew Research Center. La sensación de miedo entre la población en general, a raíz de los atentados, exacerbó los prejuicios ya existentes. La cadena de atentados desde el 11-S ha puesto de manifiesto el reto derivado de la radicalización y el reclutamiento de ciudadanos de la Unión por organizaciones terroristas. 

«Pero cuando el EI comenzó a debilitarse y perdió Al Raqa y Mosul, el Califato se desintegró, metiendo reversa al movimiento: muchos radicales se dieron cuenta de que la yihad era un callejón sin salida». Pese a ello, sigue, «todavía tenemos que lidiar con la radicalización permanente, aunque ciertamente es menor. No obstante, es posible que la victoria de los talibanes en Kabul dé nueva vida a la yihad global. De ser así, lo veremos pronto».  

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