Editorial

DE PEROGRULLO

USTED NO ES UN BICHO RARO

Recientemente en una nutrida reunión entre amigos, gente de bien, trabajadores, clasemedieros luchones, gente como yo,  común y corriente con  opinión más o menos informada sobre el acontecer cotidiano, dimos repaso cumplido a los grandes temas de café: El futbol  y la música de antaño, las aspiraciones de algunos a la gubernatura, el desempeño del gobierno federal, y finalmente lo que cierra hoy en día toda plática; el lenguaje inclusivo y otras derivaciones del tópico inagotable de lo políticamente correcto.

Al calor de la charla, con la confianza de la amistad y en el deseo de ganar propio de cada discusión que se precie de serlo, uno de los contertulios me endilgó a mi y a otro compañero, con ánimo de jaque mate, el “peor” de los descalificativos en boga:” ustedes son unos conservadores”.

 El resto de los amigos celebraron con vítores la astucia y valentía de quien señalaba ese “obsceno” secreto, dieron por descontado que la victoria estaba del lado opuesto a nosotros, de lado de los paladines de la libertad, de los acuciosos revisionistas de todo lo pasado, de los modernos inquisidores, juzgadores máximos de todo lo que se dice, de todo lo que se siente y de todo lo que se piensa. Dicha sea la verdad, ninguno de mis amigos, gente buena repito, son en realidad tan liberales como se sienten obligados a declarar, es tanta la presión que muchos de ellos públicamente se asumen liberales, por temor al qué dirán, pero en privado se confiesan conservadores, si bien aclaran “en algunas cosas”.

Hoy se espera que cuando alguien es etiquetado con semejante membrete debe hacer todo lo posible por defenderse negando ser parte de tan oscura secta, habrá que demostrar que se es más de mente abierta que quien lo acusa, que no le gustan los toros, que nunca incumple su donativo a PETA,  pues solo así podrá librarse de ese señalamiento y recuperar algo de la credibilidad perdida, ya  que si no lo hace quedará como retrógrado, moralino, derechairo y otras lindezas por el estilo, es decir una rareza digna de museo, un residuo, muy escaso ya,  del pasado que hizo todo mal.

Pero qué pasa si lejos de sentirse ofendido por el término conservador algunos se sienten identificados, porque no les parece que todos los cambios sean buenos per se, porque creen que hay cosas que conservar tal cual, porque son necesarias, porque son eternas y que lejos de ser cuestionadas despiadadamente deben ser defendidas, recuperadas, promovidas: La vida, la familia, entre otras, el matrimonio.

¿Se puede pensar diferente a lo políticamente correcto, concretamente en el uso del lenguaje inclusivo, en el aborto, o en los matrimonios igualitarios?

¿Se es tan mala persona por disentir?  No lo creo.

Mire, le invito a que escuche mis razones que quizá le ayuden a entender que usted no es el único que piensa así, y que aquello que le venden como inopinable es opinable, que aquello que le venden como caso cerrado es en realidad materia universal de debate actualísimo.

  • Sabe usted que solo 68 países de los 194 que afilia la ONU reconocen el aborto legal, y muchos de ellos solo en los casos de violación y peligro de salud de la madre.
  • Sabe usted que un 84 % de la población en Holanda está a favor del matrimonio igualitario y que un 70 % de la población de Eslovaquia está en contra.
  • Sabe usted que solo 30 de los 198 países del mundo aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo.
  • Sabe usted que la Real Academia de la Lengua, a petición del gobierno español, informó que rechaza el uso del lenguaje inclusivo en virtud de que no es usado, ni es del agrado de la inmensa mayoría de los hispanohablantes y que considera que el lenguaje es un ente vivo que se ajusta naturalmente y no por imposición deliberada ajena al uso cotidiano.
  • Sabe usted que Francia prohibió el uso del lenguaje inclusivo en las escuelas por considerarlo excluyente.

Sepa usted que no somos los únicos, no somos esa especie en peligro de extinción que va contracorriente por el mero afán de fastidiar, muchos millones piensan como nosotros o tienen las mismas dudas, y que algunas cosas le parecen necesaria, otras un claro exceso.

Lo que francamente no se entiende es esa pretendida y obligada uniformidad en los criterios, y la mentira que frecuentemente se aduce en el sentido de que esto está resuelto, que no hay ya, en estos nuevos y libertarios tiempos, espacio ni necesidad para el debate.  

No se crea, usted no es un bicho raro, asúmase parte de un grupo conformado por millones y en muchos casos apabullantemente mayoritario, que con aciertos o equivocaciones viven de acuerdo con sus convicciones. ¿es qué es esto tan terrible?

Muchos hoy del lado de lo políticamente correcto, lo creo de verdad, piensan que así deben ser las cosas y piensan genuinamente que ayudan a la justicia, los hay también malinformados o desinformados, otros más por su talante superficial dicen que si a todo, son veletas sin criterio, otros más son conservadores de closet que temen salir para no ser considerados ignorantes, retrógradas cavernícolas. Hay de todo

Siéntase bien, ser conservador supone también algunas virtudes como el valor de defender lo que se piensa, de luchar por lo que se cree y de enseñar lo que se piensa que sirve al mundo y a la felicidad de las personas.

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