Editorial

CONFIDENCIAL.

Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.

Sin vida, no hay nada.

El bien más preciado del ser humano es la vida. Por eso aquello de que, “todo tiene remedio, menos la muerte”.

En ese entendido, de que sin vida no hay nada, me parece más que justificado el anuncio del gobernador, Francisco García Cabeza de Vaca, de regresar a la Fase Uno de la contingencia sanitaria por el Covid-19.

Por lo pronto, ya se prohibió, nuevamente, el funcionamiento de salones de eventos. 

La intención, sin embargo, es hacer lo mismo con todos aquellos negocios no esenciales, y en los que sí lo son, restringir su actividad.

Tan grave es la situación por la pandemia, que el Gobierno del Estado planea enviar al Congreso del Estado una iniciativa de decreto para aplicar sanciones a quienes no usen el cubreboca.

Es cierto, las consecuencias serán terribles en lo económico. Muchas empresas no resistirán el cierre temporal, y cientos o miles de familias sufrirán  las consecuencias del desempleo.

Pero volvemos a lo mismo: tenemos que colocar en la prioridad de prioridades la protección a la vida. El virus del Covid-19 ha dejado constancia de su letalidad, y por esa razón estamos obligados a hacer todo lo que esté en nuestras manos para protegerla.

Habiendo vida todo lo demás es rescatable. Sin vida, no hay nada.

Por eso, insisto, creo que el Gobierno del Estado no debería pensarle mucho en regresar la contingencia sanitaria a la Fase Uno.

Por lo demás, también soy un convencido de que, como sociedad seguimos fallando. No sé si sea porque muchos le han perdido el miedo y el respeto a la enfermedad, o de plano porque les vale el peligro, pero hay un total relajamiento en el quehacer cotidiano.

Las personas siguen organizando fiestas; son muchos los que desatienden la exigencia del uso de cubreboca; y aquello de la sana distancia ha perdido sentido.

Incluso, como le decía recientemente en este mismo espacio, hasta el mismo Gobierno ha fallado en el respeto a las medidas sanitarias, porque existen oficinas públicas donde no atienden el protocolo de salud.

“En los últimos 30 días al menos ocho compañeros han resultado contagiados , y sin embargo no han sanitizado el edificio no ordenando pruebas a todos los que seguimos trabajando”, se quejaba recientemente conmigo una servidora pública.

Las consecuencias de todo lo anterior se reflejan con un preocupante incremento de casos de Covid-19 en los hospitales, lo cual podría hacer crisis, porque a ese ritmo no habrá capacidad para recibir más enfermos.

Tenemos que entender la gravedad de la amenaza que representa el Covid-19 para todos. Debemos hacer conciencia de que está en juego la vida.

Y sobre todo, es tiempo de que asimilemos una verdad inobjetable: la única forma de regresar a la normalidad será con la llegada de la vacuna contra el Covid-19, algo que parece está cerca.

Sin embargo, mientras esa dosis de inmunidad no esté a nuestro alcance, tendremos que seguir restringiendo y reprimiendo nuestra cotidianidad. Entendámoslo, por favor.

EL RESTO.

DRAMA LEGISLATIVO.- La sesión plenaria del Congreso del Estado, celebrada ayer, tuvo un final dramático cuando la diputada de Morena, Guillermina Medina Reyes, sufrió un derrame cerebral.

Lamentable lo sucedido a la legisladora. Hacemos votos para que logre una pronta recuperación.

Por lo demás, el hecho debería servir para reforzar los servicios médicos en la sede del Poder Legislativo. La urgencia de una ambulancia es evidente.

ASI ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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