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Ignacio de la Garza: El Buscón de sueños

6ta parte

Por: Martín Rodríguez Arellano

En el momento mismo de lo dicho por Don Juan Balli, dos soldados que lo acompañaban prendieron a Nacho y arrastrándolo por la Calle Real lo condujeron a la cárcel, le hicieron jurar su declaración y por no saber tomar la pluma alguien más firmo por él, y así quedo sentenciado a pasar unos cuantos días por el escándalo aquel. Pasaron los días lentos pero al fin lo liberaron con la advertencia de nunca jamás pasar por los umbrales de la casa de Doña Francisca Cavazos y de sufrir una pena mayor si volvía a perturbar la tranquilidad de los vecinos, apaleado y todo molido, Nacho se resolvió a volver a El Refugio, a como pudo ya que nadie le quiso prestar un caballo, y aún por este medio, se hacían tres días de la Villa de Reynosa a la Congregación, sin buscar más chanza emprendió el camino a pie.

Los cordobanes robados a Don Juan Villarreal

En los días antiguos, toda esta región estaba cubierta por hermosos bosques, charcos, albercas, estancias y ranchos y estanques de aguas claras y limpias de muchos nombres los cuales hoy en día han sido olvidados y solo persisten en la memoria de aquellos que penetramos en los documentos añejos, los arroyos pequeños, mogotes y abras, aquello era de una beatitud inefable, más el mundo ha cambiado, incontables años han pasado y de aquel mundo que fue ya nadie queda para recordarlo.

La vida prosiguió como siempre, la rutina era siempre la misma en esta región, atender al ganado caballar, mular, caprino y ovejero de los cuales se obtenían muy buenas ganancias, más Nacho siempre se las ingeniaba para escapar de las tareas que requerían más esfuerzo, no por nada siempre andaba en cueros y todo hacía de mala gana. Quiso la mala fortuna de que un buen día Don Juan Villarreal llegara a “El Sacramento” en busca de un vaquero para atender su agostadero, Don Bernardino estimó que Nacho se fuera con él y así comenzó a trabajar para su nuevo patrón, como muchos de los jacales de todos los vecinos de la Congregación no tenían cerradura y más sus escasas pertenencias estaban a la vista, Don Juan tenía en su poder producto de muchos meses de trabajo y ahorro, unos cordobanes bellamente trabajados en piel lo cual, atrajo la avaricia de Nacho.

Siendo su especialidad el andar sin ser visto ni oído en modo silencioso, habilidad que aprendió desde muy pequeño, penetró en el jacal muy corto y maltratado de Don Juan y con la rapidez de un rayo, se llevó los cordobanes, era un gran botín ya que eran catorce de ellos, y siendo contento con su fechoría se dispuso a usarlos en su silla de montar y que tiempo después vendió a un comerciante viandante que visitaba de cuando en cuando la Congregación, pensó que el robo pasaría inadvertido, pero de nueva cuenta…en cuanto menos lo pensó, lo volvieron a apresar de improviso los vaqueros de Don Juan, quien inmediatamente lo llevaron ante su patrón, y no teniendo reales para emprender un juicio contra Nacho, le dijo severamente Don Juan: “Mira Nacho, eres un malagradecido y ladrón, y como no tengo dinero para meterte a la cárcel ora vas trabajar para mí, hasta que me pagues los catorce cordobanes que me robaste, después de eso te vas a largar de aquí y no volverás a trabajar para mí nunca”. Acto seguido los vaqueros de Don Juan le dieron de chicotazos y lo dejaron ahí tendido en el suelo.

Sable 1796

Y bajo la estricta vigilancia de los vaqueros de Don Juan, Nacho hacía todas las tareas más pesadas del rancho hasta que por fin, le pagó los catorce cordobanes, faena que le llevo varios meses, ya que los cordobanes robados eran finos, bellamente trabajados, y que no bajarían de cinco pesos cada uno.

Llegado el día en que los terminó de pagar, Don Juan lo mandó llamar y éste le dijo: “Mira Nacho, ya has terminado de pagarme lo que te robaste, y ora, para que no se te olvide que no debes robar…” acto seguido le soltó tan tremendo cintarazo que Nacho se imaginó que anochecía y veía estrellas por todos lados y sentía que lo habían golpeado con la torre de la iglesia; “¡Y no vuelvas más por aquí, que si te veo te moleré a palos indio maldito!. Como pudo Nacho se incorporó y todo molido por los golpes reunió sus escasas pertenencias y se marchó de allí retornando con la familia Capistrán.

No causó ninguna sorpresa lo acontecido, ya sabían todos los modos de Nacho, más como había sido criado con ellos, no se resolvían en ponerle penas mayores ya que los ofendidos por sus actos le asestaban sus correctivos, mas como dice el viejo refrán: “Árbol que nace torcido…”.

Así como en nuestros tiempos, las noches de verano en esta región son muy calurosas y los vecinos del Refugio dejaban sus puertas abiertas para dejar la brisa fresca de la noche. Nuestro protagonista andaba deambulando en las incipientes calles viendo que podía caer entre sus manos, cuando avistó que la casa del Administrador de Diezmos, Don Vicente López de Herrera estaba abierta y más, porque estaba en el umbral de la puerta la criada Lucia por la cual sentía un ardiente deseo, y no reparando más entro presuroso y…

Continuará…

Fuentes: AHM/Archivo General/Exp. 04 Ignacio de la Garza vs Cayetano Medrano 1804/ Fojas 33-34

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