CONFIDENCIAL.

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Por ROGELIO RODRÍGUEZ MENDOZA.

Nadie matará la “gallina de los huevos de oro”.

La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles, (AMDA), reiteró ayer una demanda añeja: frenar el enorme contrabando de vehículos “chocolates”, que tiene inundado a Tamaulipas y muchas entidades del país.

De acuerdo con estimaciones del organismo que aglutina a las concesionarias de automóviles, el ingreso ilegal de vehículos extranjeros ha crecido en un 20 por ciento durante los últimos meses.

Nosotros creemos que ese 20 por ciento se queda corto. En ciudades como la nuestra la presencia de “chocolates” prácticamente se equipara a la de vehículos nacionales. Para dónde voltee usted verá unidades de las también llamadas “americanas”.

Y no se trata de vehículos “viejitos” o de bajo costo. No, desde hace por lo menos dos o tres años circulan por la ciudad unidades de lujo portando placas de cartón, de membretes como la UCD u Onappafa. Desde luego sus propietarios no son para nada humildes trabajadores a quienes no les alcanza para comprar un vehículo de fabricación nacional, que ha sido el pretexto para justificar el contrabando de “chocolates”. Los dueños son evidentemente personas con alto poder de adquisición, que han encontrado en la compra de ese tipo de vehículos la forma de evadir su responsabilidad tributaria.

Con ello, por supuesto que el daño a la industria nacional es inevitable. Para muchos resulta más atractivo comprar un auto de lujo extranjero que le cuesta la mitad o menos de lo que le vale uno igual mexicano, además de que se evita tener que pagar impuestos cada año.

Lamentablemente para la AMDA , aunque tiene razón de sobra en su queja, nadie le hará caso.

Es imposible que una autoridad atienda su reclamo, sencillamente porque el contrabando de “chocolates” está convertido en un negocio redondo, del que también medran un buen número de servidores públicos.

No se requiere de evidencias para probar esa complicidad oficial, cuando presuntas organizaciones sociales como la UCD y Onappafa operan con total impunidad, expidiendo “a diestra y siniestra” pedazos de cartón que evitan el decomiso de la unidad y que su conductor sea multado o molestado por los oficiales de Tránsito.

Bajo esa realidad, nadie querrá, porque a nadie conviene, matar la “gallina de los huevos de oro”.

El problema es que muy pronto esa complicidad oficial traerá consecuencias, porque no hay ciudad que aguante el ritmo acelerado con que está creciendo el padrón vehicular.

Es inevitable el caos ante el desproporcionado número de vehículos circulando por las calles.

ASÍ ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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